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La caída de la raza humana a un estado de pecado y miseria es la
base y fundamento del sistema de redención presentado en las Escrituras.
Así
como del sistema que enseñamos. Sólo los Calvinistas parecen
tomar en serio
la doctrina de la caída, sin embargo, la Biblia declara de principio
a fin que el
hombre está perdido, totalmente perdido, y que se encuentra en un
estado de
culpa y depravación del cual es totalmente incapaz de librarse por
sí mismo.
En el A.T. el relato concerniente a la caída se encuentra en el
tercer
capítulo del Génesis; y en el N.T. se pueden hallar referencias
directas a este
hecho en (Rom. 5:12-21; 1Cor.15:22; 2Cor.11:3; 1Tim. 2:13), etc. Aunque
el
N.T. enfatiza no el hecho histórico de que el hombre cayó,
sino más bien el
hecho ético de que el hombre es un ser caído. Los escritores
del N.T.
interpretaron este hecho literalmente y basaron su teología en él.
Para Pablo,
Adán fue tan real como lo fue Cristo, y la caída tan real
como la redención.
Puede que algunos sostengan que los apóstoles estaban equivocados
en creer
tal cosa, pero no puede negarse que eso fue lo que creyeron.
El Dr. A.A. Hodge dijo: "Dado que, en la naturaleza misma del caso,
una prueba justa no podría ser dada a cada nuevo miembro de la raza
humana
personalmente, ya que al nacer cada miembro es una criatura no desarrollada,
Dios, como guardia, y para mejores intereses de la raza, probó bajo
las más
favorables circunstancias a todos sus miembros en la persona de Adán,
constituyendo a éste en representante y sustituto personal de cada
uno de sus
descendientes naturales. Dios estableció con él un pacto
de obras y de vida; le
dio una promesa de vida eterna para él, y para aquellos a quienes
él
representaba, a condición de obediencia perfecta, es decir por obras.
La
obediencia exigida era una prueba específica durante un período
de tiempo, la
cual habría de concluir necesariamente o con la recompensa a causa
de la
obediencia o con la muerte a causa de la desobediencia. La "recompensa"
prometida era la vida eterna, una gracia que habría de incluir mucho
más de lo
que originalmente le había sido conferido a Adán en su creación,
la dádiva de
la cual hubiese elevado a la raza a una condición de irrevocable
santidad y
felicidad para siempre. El "castigo" con que se le amenazó y al
que luego se le
sometió, fue la muerte: "el día que de él comieres,
ciertamente morirás".
Sabemos que esta maldición incluyó el retiro inmediato del
favor divino y de la
comunión espiritual con Dios de la cual la vida del hombre dependía,
es decir,
la enajenación y maldición de Dios, el sentido de culpa,
la corrupción de la
naturaleza, las consecuentes transgresiones actuales, los sufrimientos
de la
vida, la disolución del cuerpo, y los dolores del infierno. El término
muerto, en
su sentido más amplio abarca todas las consecuencias del pecado
de Adán.
Pablo, de manera resumida, declara que: "la paga del pecado es la muerte".
El
significado pleno de la muerte con que se amenazó a Adán,
puede apreciarse
considerando todas las consecuencias malas que desde entonces le han
sobrevenido al hombre.
La muerte con que se le amenazó fue, en primera instancia, la muerte
espiritual, o la separación eterna de Dios; y la muerte física,
o muerte del
cuerpo, no es sino sólo uno de los primeros frutos y de las consecuencias
menos importantes, relativamente hablando, de ese castigo mayor. Adán
no
murió físicamente hasta 930 años después de
la caída, pero sí murió
espiritualmente en el mismo momento en que cayó en pecado.
"Por lo general abrigamos una idea equivocada en cuanto a la caída
de
Adán... él no fue tentado por Satanás de manera directa...
Eva fue tentada y
cayó, siendo engañada. Pero tenemos evidencia inspirada para
probar que
Adán no fue engañado (1Tim.2:14). Adán no fue atrapado
en los engaños de
Satanás. Lo que Adán hizo, lo hizo de manera voluntaria y
deliberada,
escogiendo seguir a su esposa en su acto de pecaminosa desobediencia, en
plena conciencia de lo que estaba haciendo, y con perfecta realización
de las
serias consecuencias envueltas. Fue dicha voluntariedad lo que dio tan
nefando
carácter al pecado del hombre. De haber sido Adán atacado
por Satanás y
forzado a sucumbir mediante un poder irresistible, hubiésemos, quizá,
tratado
de buscar excusas por su caída. Pero cuando con ojos abiertos y
con mente
perfectamente consciente y completamente percatado de la horrible naturaleza
de su acto, usó su libre albedrío para responder a las demandas
de la criatura
en desafío a su creador, entonces no hay excusa para su caída.
Su acto fue
rebelión voluntaria y desafiante, mediante la cual abiertamente
transfirió su
lealtad de Dios a Satanás".
Mientras más observamos la naturaleza humana según se manifiesta
a
nuestro alrededor, más fácil se nos hace creer en esta gran
doctrina del
pecado original. Considérese al mundo en su totalidad, lleno como
lo es de
asesinatos, robos, borracheras, guerras, hogares destruidos, y crímenes
de
todas clases. Las miles de ingeniosas formas que el crimen y el vicio han
asumido en manos de sus perpetradores son todas vivos relatos de esa
horrenda realidad. Una gran porción de la raza humana hoy, así
como en
todas las edades pasadas, vive y muere en las tinieblas del paganismo,
alejada
de Dios y sin esperanza. El modernismo y la negación de toda índole
permean
la iglesia misma. Obsérvese el desinterés general hacia la
oración, o el estudio
de la Biblia, o hacia las cosas espirituales. ¿No está el
hombre ahora, como su
progenitor Adán, huyendo de la presencia de Dios, evitando la comunión
con
Dios, con enemistad en su corazón para su Creador? La única
explicación
adecuada para todo esto es que la maldición con que se amenazó
al hombre
antes de la caída reposa ahora sobre la raza humana.
Dios, sin embargo, no permite a la raza volverse tan corrupta como
naturalmente se volvería si se le permitiera tomar su curso natural.
El ejerce
influencias restrictivas, incitando a los hombres a amarse los unos a los
otros, a
ser honestos, filantrópicos, y considerados del bienestar de los
demás. Si Dios
no ejerciera dichas influencias, hombres impíos se tornarían
cada vez más
malos, cambiando las costumbres establecidas y derribando las barreras
sociales hasta llegar al mismo cenit de la anarquía, convirtiéndose
la tierra en
un lugar de tanta corrupción que los elegidos no podrían
vivir en ella.