![]() |
|
Exposición:
Presentamos la doctrina de "LA GRACIA EFICAZ", de la siguiente
manera: A todos aquellos a quienes Dios ha predestinado para vida y a ellos
solamente, tiene a bien llamar eficazmente en su tiempo señalado
y oportuno,
por su Palabra y Espíritu, de aquel estado de pecado y muerte en
que se
encuentran por naturaleza, a la Gracia y salvación en Jesucristo;
alumbrando
sus mentes de una manera espiritual y salvadora, para que entiendan las
cosas
de Dios; quitando de ellos el corazón de piedra y dándoles
uno de carne;
renovando sus voluntades e inclinándolas al bien por su infinito
poder, y
atrayéndolas eficazmente a Jesucristo de modo que acudan a él
libremente,
siendo hechos voluntarios, por la Gracia de Dios.
Este llamamiento eficaz se debe únicamente a la Gracia libre y
Soberana de Dios, y no a alguna cosa prevista en el hombre, quien se
encuentra completamente pasivo hasta que, siendo vivificado y renovado
por
el Espíritu Santo, es hecho capaz de responder a este llamamiento
y de
abrazar la Gracia otorgada e impartida por dicho llamamiento. En respuesta
a
la pregunta ¿Qué es el llamamiento eficaz?, respondemos "El
llamamiento
eficaz es la obra del Espíritu de Dios, mediante el cual, convenciéndonos
de
nuestro pecado y miseria, alumbrando nuestras mentes con el conocimiento
de
Cristo, y renovando nuestras voluntades, nos convence y capacita a abrazar
a
Jesucristo, quien nos es otorgado gratuitamente en el Evangelio".
LA NECESIDAD DEL CAMBIO
Los méritos de la obediencia de Cristo y su sufrimiento son
suficientes, adecuados y ofrecidos gratuitamente a todos los hombres. Pero
surge la pregunta: ¿Porqué unos se salvan y otros se pierden?,
¿Porqué unos
se arrepienten y creen, mientras que otros con los mismos privilegios externos,
rechazan el evangelio y continúan endurecidos en su incredulidad?.
Nosotros
sostenemos que es Dios quien causa la diferencia entre el uno y el otro;
Dios
convence eficazmente a unos a venir a él. El arminiano en cambio,
atribuye la
diferencia a los hombres mismos. Sostenemos que la condición de
los
hombres desde la caída es tal que de ser dejados por si solos continuarían
en
su pecado de rebeldía, rechazando toda oferta de salvación.
En tal caso Cristo
hubiera muerto en vano, pero como le fue prometido que vería el
fruto de la
aflicción de su alma y quedaría satisfecho, los resultados
de su sacrificio, no
pueden depender del capricho o la voluntad cambiadiza y pecaminosa del
hombre; más bien, la obra de Dios en la Redención se ha hecho
eficaz
mediante el Espíritu Santo, quien obra en los elegidos de tal modo
que son
conducidos a la fe y al arrepentimiento y así son hechos herederos
de la vida
eterna. Las escrituras enseñan que el hombre en su estado natural
esta
totalmente corrompido y que nunca puede alcanzar la Santidad y la felicidad
por sus propias fuerzas. El hombre está muerto espiritualmente y
si ha de ser
salvo tendrá que serlo a través de Cristo. La razón
misma nos dice que si un
hombre está perdido y en completa enemistad con Dios, como lo esta
el
hombre en su estado natural, necesita ser librado antes de tal condición,
para
que pueda tener deseo alguno de hacer la voluntad de Dios. Si el pecador
ha
de desear la salvación a través de Cristo, tiene que nacer
de nuevo y de lo alto
(Juan 3:3). En el caso del Diablo y los demonios, por ejemplo, es fácil
ver
como sus naturalezas, tendrían que ser cambiadas si fueran a ser
salvos; los
principios innatos pecaminosos, que mueven al hombre caído son de
la misma
naturaleza, aunque no tan intensos todavía, como los que mueven
a los ángeles
caídos. Si el hombre está muerto en pecado únicamente
el poder sobrenatural
y vivificante del Espíritu Santo, podrá moverlo a hacer aquello
que es
espiritualmente bueno, si el hombre pudiera entrar al cielo sin este cambio,
sería para él como el infierno, ya que estaría en
desacuerdo con su medio
ambiente, y aborrecería intensamente el ambiente celestial y se
sentiría
miserable en la presencia de Dios. Por lo tanto, la obra interna del Espíritu
Santo, es una necesidad absoluta. La regeneración es un don soberano
de
Dios, concedido gratuitamente a los escogidos; y solo Dios posee el poder
para llevar a cabo esta obra de recreación. El hombre no regenerado
nunca se
da cuenta adecuadamente de su condición de impotencia total, sino
que se
imagina que puede regenerarse a sí mismo y volverse a Dios si lo
desea. Pero
el pecador no necesita de incentivos ni de ayudas para salvarse a sí
mismo, lo
que necesita precisamente es la "Salvación", y Jesucristo no a venido
a
aconsejar, estimular, solicitar, ni a ayudar al hombre a salvarse a sí
mismo, sino
a salvarlo.
UN CAMBIO INTERNO REALIZADO POR EL PODER SOBRENATURAL DE DIOS
Las escrituras llaman a este cambio REGENERACION (Tito 3:5),
una resurrección espiritual, efectuada por el mismo poder que Dios
obró en
Cristo, cuando le levantó de los muertos (Ef.1:19,20), un llamamiento
de las
tinieblas a la luz admirable de Dios (1Ped.2:9), un pasar de muerte a vida
(Juan 5:24), un nuevo nacimiento (Juan 3:3), dar vida (Col.2:13), un quitar
el
corazón de piedra y dar uno de carne (Eze.11:19), y el que experimenta
dicho
cambio, es llamado una nueva criatura (2Cor.5:17). Tales descripciones
refutan por completo la enseñanza arminiana de que la regeneración
es
primordialmente obra del hombre quien, según ellos, es movido por
una
persuasión moral, o por la simple influencia de la verdad presentada
de
manera general por el Espíritu Santo, pero como este cambio es producido
por un poder de lo alto, el cual es la fuente de la nueva vida, dicho cambio
es
irresistible y permanente. La regeneración del alma es algo efectuado
en
nosotros y no una obra realizada por nosotros. Es un cambio instantáneo
de
muerte espiritual a vida espiritual y ni aún estamos conscientes
de él, en el
momento en que se efectúa, ya que ocurre a un nivel más allá
del estado
consciente, en el momento en que se realiza, el alma está tan pasiva
como
estaba Lázaro, al ser llamado nuevamente a la vida por Jesús.
Respecto al
estado del alma en el momento de la regeneración, como dice H. Hodge,
"El
alma es el sujeto y no el agente del cambio, pero el cambio mismo es algo
que
se experimenta, y no algo que se hace.
Los ciegos y cojos que vinieron a Cristo, puede que hayan ejercido
grandes esfuerzos para llegar a él, y luego gozosamente ejercieron
el nuevo
poder que les fue impartido; sin embargo, estuvieron completamente pasivos
en el momento de la curación; en ninguna manera cooperaron, en la
realización
de dicho efecto. Igualmente sucede en la Regeneración, las escrituras
enseñan
esta misma verdad en otras palabras cuando nos dicen que la regeneración
es
un nuevo nacimiento.
El niño al nacer entra a un nuevo estado de existencia, el nacimiento
no es obra suya, el niño simplemente nace, sale de un estado de
oscuridad, en
el cual los objetos adaptados a su naturaleza no son percibidos por él,
ni
pueden despertar sus facultades, pero en cuando ocurre su nacimiento, todas
sus aptitudes empiezan a despertar; comienza a ver, sentir, oír
y, gradualmente
comienzan a desarrollarse todas sus facultades como un ser racional y moral,
así como un ser físico.
Las escrituras enseñan, que el requisito para entrar al Reino de
Dios,
es una transformación radical obrada por el mismo Espíritu
de Dios. Como
esta obra en el alma es soberana y sobrenatural, es decir, la salvación
de los
elegidos es totalmente por Gracia, el creyente que ha nacido de nuevo se
da
cuenta que es Dios en realidad "El autor y consumador" de su fe (Heb.12:2).
En respuesta a la pregunta, ¿porque quién te distingue, o
que tienes que no
hayas recibido? (1Cor:4:7), el creyente responde que es Dios quien ha
establecido la diferencia entre los hombres, especialmente entre los redimidos
y los que se pierden.
Así como el ojo físico que ha quedado ciego, no se le puede
restaurar
la vista, no importa la cantidad o intensidad de luz que se arroje sobre
el, del
mismo modo el alma muerta en pecado, no puede tener visión espiritual
no
importa la cantidad del evangelio que se le presente, a menos que el bisturí
del
cirujano o un milagro restaure el ojo a su condición normal, jamás
podrá ver; y
a menos que el alma quede restaurada mediante la regeneración, jamás
comprenderá y aceptará la verdad del evangelio. Bajo los
términos del plan de
Dios, entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, Cristo fue exaltado
a la
posición de Gobernador y mediador de toda la tierra a fin de que
dirigiera el
reino en su desarrollo. Esta es una de las recompensas por su obediencia
y
sufrimiento, su gobierno es ejercido mediante el Poder del Espíritu
Santo,
quien aplica los frutos de la redención a aquellos para los cuales
fueron
comprados, bajo las condiciones del tiempo y las circunstancias
predeterminadas en el consejo Divino. Tanto el mundo físico como
el
espiritual, son la creación de Dios. En el mundo físico,
Cristo convirtió
soberanamente el agua en vino, y al simple toque de su mano, sanó
al leproso.
El arminiano acepta este poder milagroso de Dios en el mundo físico;
por qué,
entonces lo niega en el mundo espiritual, como si los espíritus
de los hombres
estuvieran más allá del control Divino. Creemos que Dios
puede cambiar a un
hombre malo y hacerlo bueno cuando le agrade. En el pacto concertado con
Adán, la vida del hombre dependía de sus obras, sabemos cuales
fueron los
resultados de dicha prueba, si el hombre no pudo realizar su salvación
en un
estado de justicia, ¿qué posibilidad tiene de lograr su salvación
por sus propias
obras ahora que es un ser caído?. Afortunadamente para nosotros,
Dios ha
tomado este asunto en sus propias manos. Sabemos que ninguna propiedad
puede surgir en la voluntad del hombre, sea caído o no, que le coloque
fuera
del alcance del control soberano de Dios. Saulo fue llamado cuando ardía
intensamente en él, su celo perseguidor y fue transformado en un
Pablo santo.
El ladrón en la cruz fue llamado en los últimos momentos
de su vida terrenal.
Cuando Pablo predicó en Antioquía, "Creyeron todos los que
estaban
ordenados (y sólo ellos) para vida eterna" (Hech.13:48), ciertamente
si Dios
hubiera querido salvar a todos los hombres, los hubiese traído a
todos a la
salvación. Pero por razones que han sido reveladas solo parcialmente,
el deja
a muchos en su estado de impenitencia, sin embargo, mediante todas sus
obras, Dios no hace nada que sea inconsistente con la naturaleza del hombre
como ser racional y responsable.
Una de las grandes fallas del arminianismo, ha sido que ha dejado de
reconocer la necesidad de la obra "Sobrenatural del Espíritu Santo",
en el
corazón. El arminianismo ha convertido la regeneración en
un cambio mas o
menos gradual efectuado por la persona misma, un simple cambio de
propósito en la mente del pecador, que surge debido a la persuasión
moral y
al poder general de la verdad. Además ha insistido en el "Libre
albedrío", y ha
enseñado que, en última instancia, es el pecador quien determina
su propio
destino, es decir, ha convertido al hombre en un Co-Salvador con Cristo,
como si la gloria de la redención pudiera dividirse entre la Gracia
de Cristo y
la voluntad del hombre, el hombre repartiendo despojos con Cristo. Si,
como
dicen los arminianos, Dios esta tratando sinceramente de convertir a cada
ser
humano, entonces esta fracasando gravemente en sus intentos; ya que, entre
la
población adulta del mundo, hasta el presente, donde ha logrado
salvar a uno
solo, ha permitido a veinticinco quizá caer al infierno, tal creencia
da muy poca
Gloria a la Majestad Divina. Es absurdo suponer que el pecador pueda
derrotar el poder creador del Dios Todopoderoso. "Toda potestad me es
dada en el cielo y en la tierra", dijo el Señor resucitado. Estas
palabras
enseñan inequívocamente la autoridad ilimitada del Señor.
¿Hay para Dios
alguna cosa difícil?, En vista de este pasaje y en otros muchos
al mismo efecto,
no debemos imaginarnos a Dios luchando con sus criaturas, persuadiéndolas,
exhortándoles, suplicándoles, pero incapaz de lograr su propósito,
debido a la
obstinada oposición de sus criaturas. Si en realidad el llamado
de Dios no es
eficaz, pudiéramos imaginarnos a Dios diciendo, "Quiero que todos
los
hombres sean salvos, mas en última instancia, debe ser no como yo
quiero,
sino como ellos quieran".
Ningún creyente familiarizado con las Escrituras, que sabe lo que
estas
enseñan, acerca de la Soberanía de Dios, creerá que
Dios pueda ser
derrotado en tan indigna manera por sus criaturas.
EL EFECTO PRODUCIDO EN EL ALMA
El efecto inmediato e importante de este cambio interno y
purificador de nuestra naturaleza es que la persona ama la justicia y confía
en
Cristo, para la salvación. En tanto, que el elemento natural de
la persona era el
pecado, ahora lo es la santidad; el individuo ahora aborrece el pecado,
y ama
el bien.
Esta "GRACIA EFICAZ" e irresistible convierte la voluntad misma y
produce en el individuo, mediante un acto creador, un carácter santo.
La
obediencia se ha convertido no solo en un bien obligatorio sino en el bien
deseable. Cabe señalar sin embargo, que mientras la persona permanezca
en
este mundo estará expuesta a tentaciones, ya que habrá en
ella vestigios de la
vieja naturaleza; por consiguiente a menudo será engañada
y pecará; pero
dichos pecados son solo las convulsiones de la vieja naturaleza, que
agonizante se estremece por haber recibido ya el golpe mortal.
Los regenerados también padecen dolor, enfermedad, desaliento y
aún la muerte misma, aunque continúan avanzando hacia la
salvación plena. En
este punto muchas personas confunden la regeneración con la santificación.
La
regeneracion es exclusivamente la obra de la libre Gracia de Dios, mediante
la
cual es implantado un nuevo principio de vida espiritual en el alma. La
regeneración es efectuada por el poder sobrenatural y se completa
en un
instante. La santificación, en cambio es un proceso a través
del cual los restos
del pecado en la vida del creyente son gradualmente erradicados, de modo
que, somos puestos en capacidad de morir más y más al pecado
y de vivir
santamente. La santificación es la obra del Espíritu Santo
en la vida del
creyente, el cual es responsable de vivir una vida santa. La justicia perfecta
es
la meta que tenemos delante en esta vida y todo creyente debe mantener
un
constante progreso hacia dicha meta. La santificación no obstante,
no se logra
completamente hasta la muerte, cuando el Espíritu Santo, limpia
el alma de
todo vestigio de pecado, la santifica totalmente y la coloca mas allá
de toda
posibilidad de pecado, estrictamente hablando, podemos decir que la
redención no se logra totalmente hasta que los salvos hayan recibido
sus
cuerpos glorificados en la resurrección.
En cierto sentido la redención fue completa cuando Cristo murió
en el
Calvario; sin embargo, es aplicada gradualmente por el Espíritu
Santo y como
es aplicada eficazmente a los elegidos, los méritos del sacrificio
de Cristo, la
salvación de estos es infaliblemente segura y, la voluntad de Dios
en cuanto a
la salvación de su pueblo no puede ser jamás frustrada ni
anulada por la
criatura.