![]() |
|
“Mas Dios encarece su caridad para
con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió
por nosotros”
Es
humillante en saber que
Cristo murió por nosotros, no porque éramos dignos o
merecíamos que Él lo
hiciera, pero ¡“siendo aún pecadores"!
Cualquier concepto que quizás tengamos de nosotros mismos que
mereceríamos el
amor de Dios y que Cristo muriera por nosotros es de negar la gratuita
TOTAL
del Amor de Dios y los Beneficios de la Muerte de Cristo en la Cruz por
pecadores. Tenemos que entender que Dios no era, y no es, obligado a
amar a
nadie de nosotros, mucho menos, en dar a Su Hijo en morir por nosotros.
¿Por
qué debe Él, especialmente ya que nosotros somos los que
le dimos nuestras espaldas a Él y
somos "aborrecedores de Dios" (Romanos 1:30)?; y
sí, si somos
dejados a nosotros mismos nosotros diríamos continuamente a
Él en nuestra
maldad: "Apártate de nosotros, Que
no queremos el conocimiento de tus caminos. ¿Quién es el
Todopoderoso, para que
le sirvamos? ¿Y de qué nos aprovechará que oremos
á él?" (Job 21:14,
15). De hecho, en nuestro pecado nosotros no "buscaremos a
Dios" (Romanos 3:11); y lo que es peor, si
quizás llegamos a ser religiosos, haríamos como
Caín y traeríamos "del fruto de la tierra
una ofrenda á
Jehová" (Génesis 4:3), es decir, nuestras propias
obras, lo cual en
esencia es de despreciar la Gracia Libre y Soberana de Dios en la
salvación.
"Pero Dios
paró junto Su
amor a nosotros porque siendo todavía pecaminosos, Cristo
murió sobre
nosotros" (Literalmente). ¿Puede ver usted la verdad maravillosa
de
nuestro texto? Primero, ¡que Dios
trajo todo Su amor a pararse junto ante nosotros para exhibir la
grandeza de
cuánto Él nos amó! Ah, ¡la inmensidad de Su
amor: sí, "la anchura y la longura y la profundidad
y la altura" de
ese amor, "que excede todo
conocimiento" (Efesios 3:18, 19) con que Él nos amó!
En segundo lugar, ¡note que Él nos
amó
mientras todavía éramos pecaminosos, o pecadores!
Él no nos amó porque nos
hicimos impecables o santos. ¡No! Mientras todavía
estábamos en nuestra
depravación y la fealdad de nuestro pecado, Él nos
amó. Puede ser dicho de
nosotros como fue de Jerusalén antigua: "Y
pasé yo junto á ti, y te miré, y he aquí
que tu tiempo era tiempo de amores; y
extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y
díte juramento, y entré en
concierto contigo, dice el Señor Jehová, y fuiste
mía" (Ezequiel
16:8). Luego, terceramente, la
grandeza de Su amor es que "Cristo
murió por (o sobre) nosotros".
Es decir, amados, porque Dios "con
amor eterno (nos ha) amado" (Jeremías 31:3), y la promesa es
que
absolutamente nada "nos podrá
apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor" (Romanos
8:39), Él dio a Su amado Hijo para que todos los que creen en
Él no perecerán
sino que tendrán la vida eterna. Verdaderamente no hay amor
más grande que este
que en saber que el “Hijo de Dios…me
amó, y se entrego a sí mismo por mí"
(Gálatas 2:20). ¡Aleluya!