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SECCIÓN III - El Gobierno Natural

    Entre nuestra lección más temprana, aprendimos que existe la relación de la causa y del efecto, y que los acontecimientos ocurren debido a esta relación en una orden establecida de secuencia. Si no era la orden de la sucesión establecida, o éramos ignorantes de ella, no pudiéramos nosotros manegar las preocupaciones más comunes de la vida. Si el alimento a veces alimenta, y envenena en veces, o si éramos incapaces de aprender si la calidad nutritiva pertenecía al pan, o al arsénico, no pudiéramos regular el proceso de comer, tan necesario a la preservación de la vida.  Pero nuestro Creador nos ha hecho capaces de observar las secuencias de la naturaleza, y de aprender la orden en la cual ocurren, y la relación de la causa y del efecto, que las partes de la sucesión sostienen el uno al otro. El estudio de estas secuencias es el negocio de la filosofía;  pero la filosofía no se confina a la universidad, o al cuarto de la lectura. Se encuentra en la caminada de cada hombre, y en la experiencia diaria de la vida.  El niño comienza a aprenderlo en la cuna;  y sin un cierto conocimiento de él, los hombres no sabrían evitar la inundación, las llamas, o el precipice.

En todos los departamentos del conocimiento clasificamos las cosas sabidas;  y las secuencias de la naturaleza, clasificadas, vienen a ser lo que llamamos las leyes de la naturaleza. Éstos son solamente los modos regulares en los cuales las secuencias de la naturaleza ocurren.  En la frase, la ley de la naturaleza, el termino ley se utiliza en un sentido transferido. Cuando está empleado en moralejas, implica una autoridad que ordena, y un tema obligado de obedecer. Pero la naturaleza no es un ser poseyendo autoridad; y las cosas naturales no son capaces de obediencia en el sentido apropiado. En moralejas, las leyes dadas pueden ser desobedecidos;  pero los procesos de la naturaleza se conforman siempre con qué se llaman las leyes de la naturaleza.  Las leyes de la naturaleza se pueden mirar como los modos en los cuales la providencia de Dios funciona. Su voluntad ha determinado la relación de la causa y del efecto;  y, por lo tanto, las leyes de la naturaleza son las órdenes de la secuencia, en las cuales es su voluntad, que los cambios de las cosas naturales deben ocurrir.

    Cuando comtemplábamos la orden que prevalece en el mundo natural, vemos la exhibición de la sabiduría que la providencia de Dios despliega. Su gobierno natural, así como su moraleja, abunda con la sabiduría. Todas sus razones de planear el sistema de las cosas precisamente como es, nosotros no podemos presumir de entender;  pero la ventaja que resulta de su orden nos satisface en cada experiencia de la vida.  Sería a ningún propósito que hemos sido hechos como tal hechos para ser capaces de observar las secuencias de la naturaleza, si estas secuencias ocurrían sin orden.  Si el caos reinara en la sucesión de acontecimientos, la filosofía sería imposible, e igualmente imposible las artes más comunes de la vida.  La razón sería un don inútil; y si la vida humana no fuera llenada del terror perpetuo, la exención se presentaría más bien de la inhabilidad de comprender su peligro, que de las circunstancias de su situación.

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