Free Web Hosting | free host | Free Web Space | BlueHost Review
SECCIÓN XI: - La Sabiduría

DIOS ES INFINITAMENTE SABIO: "He aquí que en sus siervos no confía, Y notó necedad en sus ángeles" (Job 4:18); "He aquí que Dios es grande, mas no desestima á nadie; Es poderoso en fuerza de sabiduría" (Job 36:5); "Cuán muchas son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría..." (Salmo 104:24); "No hay sabiduría, ni inteligencia, Ni consejo, contra Jehová" (Proverbios 21:30); "Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ­Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos! " (Romanos 11:33);  "Porque lo loco de Dios es más sabio que los hombres..." (1 Corintios 1:25); "Por tanto, al Rey de siglos, inmortal, invisible, al solo sabio Dios sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén" (1 Timoteo 1:17).

    El conocimiento y la sabiduría, aunque frecuentemente confundidos por pensadores descuidados, son diferentes. La sabiduría es siempre con respecto á la acción. Nuestros sentidos son afectados por objectos externos, y las percepciones de ellos se levantan en la mente, lo cual constituye una parte mayor de nuestro conocimiento. Aprendemos de sus propiedades y relaciones, y este conocimiento, acumulado en la memoria, viene a ser un depósito precioso, del cual podemos tomar lo que es necesario para usar. Pero es en usar este depósito que es exhibir la sabiduría. Cuando las impresiones exteriores mueven la maquinaria mental interior, esa maquinaria, en seguida, opera sobres las cosas exteriores. Es en las salidas de la mente que la sabiduría ha puesto, y es interesado en formar nuestros planes y propósitos de acción. Nuestro conocimiento y principios morales tienen mucha influencia en dirigir nuestra conducta, y aquel hombre es considerado sabio, cuya conducta es dirigida bien por su conocimiento y principios morales. Por lo tanto, la sabiduría es considerado como consistiendo en la selección del fin mejor de acción, y la adopción de los medios mejores para el cumplimiento de este fin.

    Dios es infinitamente sabio, porque Él escoge el fin mejor posible de acción. Lo que el fin es el que Jehová tiene en vista en todas Sus obras, no podemos decir que comprendemos. Las Escrituras hablan de la gloria de Dios como el fin de la creación y redención, y parece que somos autorizados para hablar de esto como el fin de todas Sus obras; pero, ¿qué es el sentido pleno de la frase, "la gloria de Dios"? Suponemos que es en significar tal manifestación de Su perfecciones, y especialmente de Sus perfecciones morales, como es supremamente agradable á Sí mismo, y por lo tanto, á todos seres inteligentes quienes son del mismo pensamiento como Él. Pero estamos perdidos en la contemplación.

    Dios es infinitamente sabio, porque Él adoptó los medios mejores posibles para el cumplimiento del fin que tiene en vista. En la creación Su sabiduría lo hizo todo ["Cuán muchas son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría..." (Salmo 104:24)]; y en la redención Él ha abundado hacia á nosotros en toda sabiduría ["Que sobreabundó en nosotros en toda sabiduría é inteligencia" (Efesios 1:8)]. Él "hace todas las cosas según el consejo de su voluntad" (v.11); y Él es sabio en todo Su consejo.

    La sabiduría de Dios es un profundo insondable. Su camino es en el mar, y Su vereda en las aguas poderosas. "Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!" (Romanos 11:33). Un niño no puede comprender los planes de un estadista sabio; mucho menos puede el hombre más sabio comprender los planes del único sabio Dios. Debemos siempre tener esto en cuenta cuando emprendemos de inquirir en las razones del proceder Divino.

    La pregunta, porque Dios permitió la entrada del pecado en el mundo, ha frustrado la sabiduría de los sabios. Como un Ser de santidad perfecta, Él aborrece el pecado con un odio perfecto. Teniendo un poder infinito para excluírlo de Sus dominios, ¿por qué permitió su entrada? Como el Padre benevolente de Su familia numerosa, ¿por qué permitió un mal tan ruinoso invadirla? ¿Hubo un yerro en Su plan, alguna falta en la sabiduría de Sus arreglos, que hizo posible este desastre horrible? Ya que nuestra fe es frecuentemente perplejado con estas preguntas, tales observaciones como las siguientes podrán ser de utiliza para asistir su debilidad.

    1. El pecado está en el mundo; y Dios es infinitamente bueno y sabio. El primero de estas proposiciones expresada un hecho de la cual tenemos una prueba diaria, delante de nuestros ojos y en nuestros corazones; el segundo es una verdad indubitable de una religión revelada y natural. Aunque no podemos reconciliar estas proposiciones, ambos son dignas de ser recibidas con una fe constante. Ningún hombre, de mente recta, puede dudar de cualquier de ellas.

    2. La existencia del pecado no ha de ser ascribida á una debilidad en Dios. Él fácilmente pudiera haber excluídolo de Sus dominios. Él pudiera haber declinado hacer agentes morales, y haber llenado el mundo con criaturas que no poseen facultades morales, y de esta manera incapaces de pecar. O, en cuanto que parece al contrario, estaba en Su poder de crear agentes morales, y así confirmarlos en santidad desde el principio, de tal manera que hace la caída de ellos imposible. O, a la apariencia primera misma del pecado en cualquiera de Sus criaturas, Él hubiera podido al momento aniquilado el transgresor, y haber prevenido el mal de que se esparce, a la ruina de Sus sujectos, o aún quedandose en Sus dominios. Si podemos, por un momento, entretener duda sobre este punto, Su control perfecto de la maldad, ahora que ha obtenido entrada á Su dominio, es suficiente para confirmar nuestra fe. En hecho ha entrado, y el principe de la postetad del aire es combinado con sus legiones numerosos, para darle prevalencia y triúnfo. Pero, para destruír las obras del diablo, el Hijo de Dios ha aparecido en la naturaleza humana. Él escogió la debilidad de esa naturaleza para el despliegue de Su poder, en aplastar la cabeza de la serpiente antigüa. Por esto, Cristo es el poder de Dios. En Su humillación más profunda, en la hora mientras colgaba de la cruz, Él triunfó sobre Su enemigo, y dió prueba de Su poder triufante, arrancando el ladrón, quién expiró cercas de Él, de las mismas quijadas de la destrucción. La cruz exhibe el despliegue más brillante de la omnipotencia.

    3. La existencia del pecado no es inconsistente con la justicia de Dios. Es la provincia de la justicia en castigar el pecador, pero no en aniquilar su pecado. La justica, en el sentido ancho en el cual es llamado la Justicia Pública, y coincide con la Bondad, será considerado, en su relación á este tema, en la siguiente observación; pero, en su sentido ordinario, ella supone la existencia del gobierno moral, y agentes morales, y, por lo tanto, la posibilidad de transgresión. Las leyes son hechas con referencia á los sin ley y desobedientes; y el gobernador civil sería armado  con la espada en vano, si no hubiera mal-hechores á los quienes sería un terror. La justicia no prohibe la entrada del pecado, pero halla en él una ocasión para su ejercicio más alto. Este atributo es desplegado terriblemente y gloriosamente en el castigo de los ofendores. En viendo la destrucción del Anticristo, y el humo de su tormento ascendiendo para siempre, los habitantes del cielo son representados como diciendo: "Aleluya: porque reinó el Señor nuestro Dios Todopoderoso" (Apocalipsis 19:6). Es en el ejercicio de Su justicia punitiva que ellos entienden Su gobierno, y porque Él está sentado en el trono. La justicia y el juicio es la habitación de Su trono.

    4. La existencia del pecado no es inconsistente con la bondad de Dios. Aún aquellos quienes explican la bondad en ser el amor de la felicidad por sí mismo, y entienden la utilidad, o la producción de la felicidad, en ser el fundamento de la virtud, no concluyen que la bondad de Dios tiene que necesariamente excluír el mal moral del mundo. Al contrario, ellos suponen que Él reinará sobre la maldad de tal manera que últimamente producirá una cantidad más grande de felicidad en el universo, de que hubiera existido si la maldad moral no hubiera entrado. Si esto es tomado como un mero hipótesis, hasta que sea desprobado, será suficiente para contestar á las objeciones; y el hipótesis no puede ser desprobado por una mente incapaz de comprender el tema infinito. Si la bondad de Dios apunta al bien-estar del universo, en vez de su felicidad, otra hipótesis, imposible de ser desprobado, podrá ser hecho, que Dios predomina la existencia del pecado de tal manera para producir los más importantes beneficios morales. Lo que esto será, no se puede esperar que entendemos; pero de un beneficio, á lo menos, podemos formar una conjetura. Como las perfecciones morales de Dios son la gloria de Su carácter, así Su gobierno moral es la gloria de Su designio universal; y podrá ser, por lo tanto, haber sido agradable á Su mente infinita en permitir la entrada del pecado, porque da ocasión para el despliegue de Su justicia y gobierno moral. Podrá acordar mejor con Su sabiduría infinita, en confirmar Sus sujetos obedientes en santidad, no por la necesidad física, pero la influencia moral; y el despliegue de Su justicia y gobierno moral deben de ser unos medios muy importantes para el cumplimiento de este fin. ¿Cómo pueden las inteligencias que han de extenderse para siempre en la presencia de Su trono, tener aquellas impresiones morales que son necesarias para la perfección de la santidad de ellos, si han de quedarse ignorantes para siempre de Su justicia, y el odio del pecado?

    En contemplar este tema, es importante de tener en vista, que la bondad de Dios ha de ser estimado por su efecto agregado. Como incluyendo el amor de la felicidad, ello provee goces para Sus criaturas; en esta vida, inumerables y siempre presentes, aunque no infinitos, o puros; y en la vida venidera, lo que ojo no ha visto, o el oído ha escuchado, o el corazón del hombre ha concebido. Esta masa de goces no ha sido lanzado delante de Sus criaturas, para que cada uno asegure para sí mismo lo que pueda; sino que la justicia infinita guarda la distribución de ello. La regla de distribución es aquella que la Justicia Pública, o la bondad de Dios, considerado como el amor de bien-estar, ha prescribido en el establecimiento de Su gobierno moral. La bondad infinita asegura el mayor bien posible de Su administración universal, mientras la justicia perfecta regula todos los detalles de esa administración, en una harmonía bella con el designio mayor.

     5. Aunque en hacer el mal para que venga el bien es reprobado en la Palabra de Dios, todavía en permitir el mal, lo cual Él predomina para el bien, acuerda con Su método de proceder. Se dice: "Ciertamente la ira del hombre te acarreará alabanza: Tú reprimirás el resto de las iras" (Salmo 76:10). En esto es implicado claramente que una porción de la ira es desenfrenada, o permitido, y es predominado para el bien. Pablo pregunta, "¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar la ira y hacer notoria su potencia, soportó con mucha mansedumbre los vasos de ira preparados para muerte?" (Romanos 9:22). La duración y la paciencia es el permiso de la continuación del mal; y por medio de eso el despliegue del poder y justicia de Dios, es manifiestamente suponido en la pregunta del Apóstol. La crucifixión de Cristo, un hecho perpetrado por manos impías, era permitido por Dios. Él era aun entregado por el consejo determinado y presciencia de Dios. Este evento ha sido predominado para un bien inconcebible grande. ¿Por qué no podemos suponer que acuerda con la sabiduría infinita en permitir la entrada del pecado, con una vista al plan glorioso de la redención por la sangre de Cristo? Cristo crucificado es la sabiduría de Dios. En Su cruz, el poder, la bondad, la justicia, y la sabiduría de Dios, son despliegados gloriosamente y armoniosamente. Mientras nos gloriamos en la cruz de Cristo, no nos olvidamos que los enemigos de la cruz perecerán. Tan triste que sea el hecho, nuestros corazones aprobarán plenamente la sentencia que será ejecutada sobre ellos, cuando la oyemos pronunciada por los labios del Juez justo. Tal era la benevolencia del corazón de Pablo, que él estaba dispuesto de dar su vida por la salvación de las almas; no obstante, tan predominador era su sentido de la demanda de Cristo al amor de cada corazón humano, que no se detenía en exclamar: "El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. Maranatha" (1 Corintios 16:22). Si se concilia con su amor de las almas en pronunciar esta imprecación, se acordará con la benevolencia de Dios en castigar los enemigos de Cristo con destrucción eterna de la presencia del Señor, y de la gloria de Su poder. Si ahora nuestras mentes faltan plenamente de aprobar la sentencia terrible, es porque concebimos inadecuadamente la gloria y belleza de Cristo.

    Nos debe de llenar con gozo, que la sabiduría infinita guía los asuntos del mundo. Muchos de sus eventos son cubridos en la tinieblas y en misterio, y a veces parece la confusión intrincado de reinar. Frecuentemente la maldad prevalece, y parece que Dios se ha olvidado de las criaturas que Él ha hecho. Nuestra propia vereda por la vida es oscura y desviada, y rodeada con dificultades y peligros. Qué llena de consolación es la doctrina, que la sabiduría infinita dirige cada evento, trae orden de la confusión, y luz de las tinieblas, y, para aquellos quienes aman á Dios, causa todas las cosas, sea lo que fuere su aspecto presente y tendencia aparente,  en obrar juntos para bien.

Continuar á la CONCLUSIÓN


Regrese á la TABLA