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LA SOBERANÍA DE DIOS

 Por Lasaro Flores

Como lo he dicho antes, en alguna manera u otra toda doctrina en la Biblia magnifica la Gracia de Dios, la cual esta conectado con la Soberanía de Dios. Así que, no importa que tanto el hombre religioso soberbio trata de exaltar el ídolo del hombre de su tal llamado “libre albedrío”, él tiene que caer sobre su rostro delante de la Soberanía de Dios, como “Dagón postrado en tierra delante del arca de Jehová” (1 Samuel 5:3, 4). Dios es Soberano, queriendo decir que Dios hace como Él quiera con quien quiera, cuando quiera, donde quiera, y como quiera; y que no hay absolutamente nada que alguno puede hacer acercas de ello. Todas las cosas, o sean animadas o sean inanimadas, están debajo de Su control soberano; porque como nos dicen las Sagradas Escrituras inerrantes: “Y nuestro Dios está en los cielos: Todo lo que quiso ha hecho” (Salmo 115:3); Todo lo que quiso Jehová, ha hecho en los cielos y en la tierra, en las mares y en todos los abismos” (135:6). Además, leemos: “Y todos los moradores de la tierra por nada son contados: y en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace según su voluntad: ni hay quien estorbe su mano, y le diga: ¿Qué haces?” (Daniel 4:35), y esto porque Él “hace todas las cosas según el consejo de su voluntad” (Efesios 1:11).

Ahora, sería imposible de tratar en una manera exhaustiva y en detalle con la doctrina de la Soberanía de Dios por los medios de este periódico vía el correo electrónico; por lo tanto, principalmente estaré tratando con la Soberanía de Dios con respecto á la salvación de los hombres de sus pecados y de sus consecuencias. Generalmente, el hombre, incluyendo el hombre religioso, concederá que Dios es Soberano sobre muchas áreas de Su creación, pero en decir que también Él es soberano sobre la salvación de los pecadores, muchos reaccionarán con una vehemencia porque la soberbia de ellos no permite que Dios tenga el último decir con la salvación de ellos. Pero, amados, no nos podemos escapar de, o negar, que las Sagradas Escrituras lo hace muy claro que porque “de Jehová es la salvación” (Salmo 3:8) y que “la salvación pertenece á Jehová” (Jonás 2:9), “así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16). Por eso es porque el Evangelio de Salvación en Cristo Jesús es llamado el “evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24) simplemente por causa, como veremos más adelante, que la Gracia tiene que ver con la Soberanía de Dios.     

Por supuesto, estoy consciente que para muchos la doctrina de la Soberanía de Dios es una doctrina dificultosa y desagradable para aceptar, y esto porque no pueden ver que un Dios, quien “es amor” (1 Juan 4:4, 16) y “es amador de misericordia” (Miqueas 7:18) haría Su salvación dependiente en Su soberanía y, ¡no en el “escoger libre” del hombre! Esto podrá ser por dos razones: Primero, ellos han sido enseñados un punto de vista de solo un lado acercas de Dios con respecto á Sus atributos y las han aceptado sin ninguna reexaminación personal de las Sagradas Escrituras para ver si es verdad (cp. Hechos 17:11); o secundariamente, lo rechazan obstinadamente aún aunque no pueden Bíblicamente negar que Dios es Soberano sobre todas las cosas, ¡incluyendo nuestra salvación! Pero no importa qué tanta oposición o denegación hay contra esta doctrina gloriosa, la respuesta Divina al tal llamado “libre albedrío” del hombre es esta: “Mas á Moisés (Dios) dice: Tendré misericordia del que tendré misericordia, y me compadeceré del que me compadeceré. Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:15, 16); y eso, mi querido lector, es el PERIÓDO del asunto entero; porque como contesta Pablo en el mismo capítulo á aquellos quienes se oponen á la Soberanía de Dios: “Me dirás pues: ¿Por qué, pues, se enoja? porque ¿quién resistirá á su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? Dirá el vaso de barro al que le labró: ¿Por qué me has hecho tal? ¿O no tiene potestad el alfarero para hacer de la misma masa un vaso para honra, y otro para vergüenza? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar la ira y hacer notoria su potencia, soportó con mucha mansedumbre los vasos de ira preparados para muerte, Y para hacer notorias las riquezas de su gloria, mostrólas para con los vasos de misericordia que él ha preparado para gloria; Los cuales también ha llamado, es á saber, á nosotros, no sólo de los Judíos, mas también de los Gentiles” (vv. 19-24?   

Lo trágico es que muchos reaccionarán á la Soberanía de Dios como aquellos en Juan capítulo 6: Brevemente, allí ve aquellos que no les agradaba lo que el Señor Jesús les estaba diciendo, y así que reaccionaron de tal manera. En el versículo 44 Él dice: “Ninguno puede venir á mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero”. Aquí hace una declaración muy definida con respecto á la Soberanía de Dios en traer (Griego: lit. en arrastrar) aquellos que vienen á Él para salvación. Además, lo que continua diciendo á estos individuos causa aún algunos de Sus discípulos ser ofendidos (v. 61) y en decir, “Dura es esta palabra: ¿quién la puede oír?” (v. 60). Pero otra vez Él repite lo que digo en el versículo 44 de esta manera: “Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir á mí, si no le fuere dado del Padre” (v. 65). ¿Qué fue la reacción de estos individuos? “Desde esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él” (v. 66). En otras palabras, porque en oír esto estos discípulos, o de oír á ese tiempo, lo que el Señor Jesús estaba enseñando, no se sometieron á la Soberanía de Dios, se volvieron atrás del Señor y ya no anduvieron con Él. Lo ponemos de esta manera: No solo rechazaron la Soberanía de Dios, pero también rechazaron al Señor mismo por causa de la soberbia de ellos. Esto, mi querido lector, ¡es el peligro de la falsa doctrina del tal llamado Libre Albedrío del hombre!    

Pero oh, ¡qué diferente es la doctrina de la Soberanía de Dios para aquellos quienes son enseñados de Dios! “Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí” (v. 45). Lo podemos poner de esta manera: Para ellos la verdad de la Soberanía de Dios no es una doctrina dificultosa o desagradable, sino una doctrina más preciosa y dulce que los atrae al Señor Jesús como dice Óseas 11:4 -  “Con cuerdas humanas los traje, con cuerdas de amor”, ¡como la miel a la abeja! En otras palabras, la doctrina de la Soberanía de Dios no es para empujar al hombre de Dios, sino para humillarlos; porque es solo los humildes y los quebrantados de corazón que estarán dispuestos para someterse á sí mismos á Aquél quien tienen nuestra salvación en Sus manos, que recibirán Gracia de Aquél quien es también “el Dios de toda gracia” (1 Pedro 5:,10); y ¡aparte de la Gracia de Dios no puede haber ninguna salvación de todo! Así que, puedes ver que la Soberanía de Dios en nuestra salvación asegura en venir á Él lanzándonos y confiándonos solamente en sólo Su gracia en Cristo Jesús, y no sobre cualquier cosa que pretendemos tener de nosotros mismos; y esto, amados, somos enseñados de Dios, y no por las doctrinas y mandamientos de los hombres.

(SERÁ CONTINUADO)